Sesgos cognitivos. Son como el ombligo, pero también como los pedos o los nacionalismos: a todos nos parecen repugnantes los de los demás, pero toleramos bastante bien los nuestros.

Si tuviera que elegir el sesgo que más veo a mi alrededor, el más universal, el que más distorsiona nuestro juicio y condiciona de una forma más definitiva nuestra visión del mundo, me quedaría con el sesgo de confirmación, que consiste en elegir los casos prácticos que corroboran nuestras hipótesis e ignorar los que van en su contra.

Si, por ejemplo, pensamos que los andaluces son unos vagos, los chinos unos ludópatas y los políticos unos corruptos, seleccionaremos de nuestra muestra potencial a los andaluces que no dan palo al agua, a los chinos tragaperreros y a los políticos trincones, e ignoraremos la descomunal montaña de andaluces trabajadores, de chinos ahorradores y de políticos honrados (auténticos mirlos blancos, según mi sesgo), ya que no corroboran nuestra teoría. Es así. Nuestra mente hace esas cosas. Distorsiona la realidad para ajustarla a nuestra manera de mirar el mundo.

En pacientes con autoestima baja es donde el sesgo de confirmación se observa con más claridad. Si pensamos que somos feos, ineptos, tristes y aburridos (quizá lo seamos, yo lo soy a veces), nos sentiremos feos, ineptos, tristes y aburridos, pero además elegiremos los acontecimientos vitales que estén en consonancia con este pensamiento. Recordaremos a la niña de primaria que nos rechazó, a la de secundaria que se rio de nosotros, al compañero de bachiller que nos clavó el puñal por la espalda, al galán universitario que nos puso los cuernos y nos humilló y al Juan Lanas de turno que tanto daño nos hizo, pero ignoraremos a toda esa gente que pasó por nuestra vida y nos hizo sentir bien, que reforzó nuestras convicciones y con la que tanto nos reímos.

Es así. Nuestra mente hace esas cosas.efecto-avestruz