Las leyes de la Gestalt fueron creadas por Max Wertheimer y sus adeptos en la primera mitad del novecientos para explicar los fenómenos de la percepción a partir de los estímulos percibidos. Probablemente las leyes más famosas, por su uso, fueron las de pregnancia y cierre, además de la de totalidad, que decía que el todo no es igual a la suma de sus partes. A través de la pregnancia nuestros sentidos se quedan impregnados cuando miramos el todo. Y pese a que el todo no sea perfecto, mediante esta ley -junto con la de cierre– le daremos un sentido a lo que percibimos, demostrando así que el todo no es la mera suma de sus partes. Hete aquí un ejemplo práctico:

¡YENI, DAJE DE CAZAR POKEOMENS Y PICACHUSEZ, DESENTEIRRA LA PUÑATERE SANDÍA Y CORRE A COMRETE LOS FILETES EMPANAOS!

Y así, mediante un súbito insight, percibimos la imagen de una angelical niña que juega en la orilla de la playa y es solicitada por su tierna madre para almorzar .

Esta clase de automatismos perceptivos nos sirven para liberar información irrelevante de la mente y que seamos más creativos, pero a la vez puede también convertirse en un peligro. Y en la actualidad lo estamos comprobando en la pandemia del coronavirus. Tras la repetición de conductas, pensamientos y sentimientos estos pueden normalizarse y que dejemos de prestarles la pertinente atención.

Los estímulos que vemos bastante a menudo suelen perder su capacidad de captar nuestra atención. Esto sucede con las relaciones sexuales de parejas muy duraderas en el tiempo, por ejemplo. Y el que diga lo contrario: miente.

Teniendo en cuenta esto, y muy juiciosamente, en un pueblo cerca de Dijon el alcalde, harto de que los coches pasaran a toda velocidad frente a un colegio, colgó el siguiente letrero: “Aún quedan muchos niños por atropellar, de modo que les recomendamos que aprieten fuerte el acelerador”.

Al parecer, el cartel surtió efecto y volvió a captar la atención de los conductores. La velocidad de los coches disminuyó significativamente y los infantes se sintieron a salvo.

Y es que la psicología, a veces, sirve de algo.